NUTRITERRA
Correctores Salinos

La salinidad de un suelo se define como la concentración de sales solubles que existe en la solución del suelo. Las sales que entran en el suelo (por riego y/u otro origen) se concentran como resultado de la evaporación y traspiración de la planta.

El principal efecto de la salinidad en los cultivos es de tipo osmótico. La alta concentración de sales en la solución del suelo hace que el cultivo tenga que hacer un consumo extra de energía para poder absorber el agua del suelo. Este efecto es similar al producido por estrés hídrico, en el que el cultivo sufre la falta de agua en el suelo respecto a lo que demanda para su normal desarrollo. Como consecuencia de este estrés salino el cultivo reduce su desarrollo vegetativo ya que se reduce el crecimiento y la división celular y, por consiguiente, se reduce la producción. Este estrés salino reduce la actividad fotosintética y aumenta la respiración de la planta con la que produce la suficiente energía que facilita la absorción del agua. Debido a este consumo extra de energía los cultivos reducen su normal desarrollo, su germinación y la brotación se hace más débil, lo que hace que el potencial productivo disminuya. Otro efecto que puede considerarse importante es el retraso en la germinación y la emergencia de la planta, que puede llegar a ser fatal si la emergencia de las plántulas coincide con un estrés hídrico o un encostramiento añadido al estrés salino.

Por otra parte, se define como salinización del suelo al conjunto de procesos mediante los cuales se acumulan las sales solubles en la solución del suelo. Estos procesos pueden darse de forma natural en zonas deprimidas topográficamente, suelos pobremente drenados, y/o clima árido, semiárido o seco-subhúmedo donde la evaporación supera a la precipitación.

A esta salinización primaria o natural se le une la salinización secundaria debida a la acción del hombre, que se debe principalmente a los aportes de sales al suelo en las aguas de riego, los fertilizantes, así como al ascenso de sales por elevación de los niveles freáticos.

La sodicidad del suelo es la acumulación de sales con elevado contenido del ion sodio (Na+) en la solución y en el complejo de cambio del suelo, que está formado principalmente por las partículas coloidales de arcilla y de materia orgánica del suelo. Este complejo de cambio condiciona la estructura física del suelo y también sirve de regulador de los nutrientes en la solución del suelo. Un exceso de sodio en el complejo de cambio en relación con el contenido de calcio y magnesio es el causante de la sodicidad del suelo. Una elevada sodicidad en condiciones de baja salinidad produce una impermeabilización del suelo, lo que ocasiona problemas de encharcamiento del suelo y falta de aireación del sistema radicular.

El principal efecto de una elevada sodicidad es la rotura de la estructura física del suelo, llegando a sellarse los poros por donde se mueve la solución del suelo con todos los nutrientes. Esto conlleva una falta de aireación, un encharcamiento e incluso un colapso del suelo. Esta falta de aireación y/o encharcamiento puede producir una asfixia radicular del cultivo afectando el rendimiento en primer lugar y pudiéndose llegar a la muerte de la planta.

A nivel físico, los ácidos fúlvicos y el calcio producen la floculación de las arcillas, de manera que enlazan las partículas individuales del suelo y formar agregados más grandes. Esto mejora considerablemente el drenaje y aumenta las reservas de agua útil, aire y nutrientes en el suelo. También, ayuda a disminuir y prevenir la formación de costras en la superficie del suelo, como las de la imagen, mejorando las condiciones de tempero. El efecto final obtenido se ve potenciado por la sinergia de los ácidos fúlvicos y el sulfato de calcio, consiguiendo una notable mejora respecto a aplicaciones por separado.

Si los suelos están muy compactados, se convierten en prácticamente impenetrables, por lo que se tendría que conseguir la aireación de los suelos pesados y la mejora su estructura. De esta manera, el agua, los elementos nutritivos y las raíces podrían penetrar más fácilmente en el suelo.

A nivel químico está la mejora de la capacidad de intercambio catiónico de los suelos. Como también se produce el lavado de sodio y la precipitación de carbonatos y bicarbonatos (acidificación), se pone a disposición de las plantas iones como fosfatos, hierro o zinc, que de otra manera no podrían ser absorbidos. Así, se previene su precipitación y se aumenta su biodisponibilidad.

Al final, lo que se pretende con la utilización de este tipo de productos es:
• Mejorar la estructura y la fertilidad del suelo,
• Un efecto prolongado en la eliminación de sodio y otras sales,
• Favorecer la germinación de semillas y el enraizamiento,
• Compactaciones locales del suelo.
• Evitar la creación de costras superficiales,
• Facilitar las labores agrícolas,
• Mejorar la cantidad y calidad de las cosechas aportando nutrientes en forma directamente asimilable,
• Mejorar la eficiencia de los abonados al aumentar la capacidad de intercambio catiónico de los suelos,
• Desbloquear nutrientes y prevenir el lavado y volatilización de estos,
• Regular el pH de los suelos agrícolas, tanto de suelos alcalinos como ácidos,
• Favorecer la actividad de los microorganismos edáficos y el ahorro de agua de riego, ya que se mejora la eficiencia en la absorción de agua por parte de los cultivos.

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