La campaña olivícola 2025-2026 dejó un balance sumamente positivo para los productores de La Rioja y San Juan. Los altos rendimientos obtenidos fueron el resultado directo de años de inversión, planificación, un año climáticamente excepcional y mejora continua en el manejo de la nutrición. Cuando la nutrición, el riego, la poda y la sanidad trabajan de manera integrada, el potencial productivo de las plantaciones se expresa en su máxima magnitud, confirmando que los resultados sostenibles en el olivar no son producto del azar, sino de decisiones técnicas consistentes mantenidas a lo largo del tiempo.
Sin embargo, el cierre de una buena cosecha marca inmediatamente el punto de partida para la preparación del siguiente ciclo. De cara a la campaña 2026-2027, el escenario productivo exige elevar la precisión en el manejo agronómico y nutricional.
¿Cómo encarar la nutrición 26/27?
En un escenario donde la eficiencia en el uso de los recursos será clave, la estrategia nutricional debe apoyarse en dos pilares fundamentales:
Diagnóstico preciso: Basar cada decisión en análisis actualizados de suelo, agua y tejido foliar, que permitan conocer con exactitud la disponibilidad de nutrientes y el estado nutricional del cultivo. Esto posibilita ajustar la fertilización a las necesidades reales del olivo y evitar aplicaciones innecesarias.Nutrición balanceada: Diseñar programas de fertilización que integren macro y micronutrientes en las proporciones adecuadas, sincronizando los aportes con la curva de demanda del olivo durante cada etapa fenológica. De esta manera, se optimiza la eficiencia de absorción, se mejora el aprovechamiento de los fertilizantes y se favorece el rendimiento y la calidad de la producción.Prefloración estratégica: Maximizar el cuaje ante una carga floral moderada
Hojiblanca 3er año de implantación
Considerando los elevados rendimientos registrados en la campaña anterior, es esperable que la carga floral para esta nueva temporada sea inferior en varios cuadros. En este escenario, la etapa de prefloración adquiere un rol decisivo: cada flor cuenta, y asegurar un porcentaje elevado de cuaje se convierte en el objetivo agronómico prioritario.
Para favorecer el desarrollo de las estructuras reproductivas y proteger el potencial de rendimiento, el uso de bioestimulación foliar de precisión resulta una herramienta de alto retorno:
- QuitoSAR: La aplicación foliar de QuitoSAR ayuda a activar respuestas fisiológicas y de defensa en la planta, reduciendo el impacto del estrés y optimizando el metabolismo durante las fases de mayor consumo energético.
- Nutrientes clave para la cuaja (Zinc y Boro):
- Boro (B): Es fundamental para la germinación del grano de polen y el crecimiento del tubo polínico, determinando la viabilidad de la fecundación.
- Zinc (Zn): Actúa directamente en la síntesis de auxinas naturales, en la elongación celular y el desarrollo inicial de los brotes y estructuras florales.
La combinación estratégica de QuitoSAR + Zn + B en la ventana de prefloración potencia la diferenciación floral, asegura una floración más homogénea y mejora significativamente la tasa de fijación de frutos.
Hojiblanca 4to año de implantación
Conclusión
Frente a un escenario donde la eficiencia será determinante, el desafío de la campaña 2026-2027 será utilizar cada herramienta nutricional con mayor precisión técnica. La combinación de un diagnóstico adecuado, programas de fertilización ajustados a la demanda del cultivo y el uso estratégico de bioestimulantes permitirá obtener el mayor retorno agronómico y económico, contribuyendo a mantener la productividad, la calidad y la competitividad de la olivicultura de San Juan y La Rioja.
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